FICHAS TÉCNICAS | MADERAS
MADERA DE OBRA: TIPOS, TRATAMIENTOS Y NORMAS DE USO
La madera es uno de los materiales de construcción más antiguos que existen y, al mismo tiempo, uno de los que mayor vigencia tiene en la arquitectura contemporánea. Su liviandad, sus propiedades térmicas, su capacidad estructural y su valor estético la convierten en una alternativa competitiva frente a otros materiales, siempre que se conozcan sus características y se apliquen correctamente.
Sin embargo, el uso de la madera en obra requiere un conocimiento técnico específico que va más allá de la elección estética. Cada especie tiene propiedades distintas, cada uso demanda un tratamiento particular y las normas que regulan su empleo en construcción son más rigurosas de lo que muchos profesionales suponen.

ESPECIES Y CLASIFICACIÓN
En Argentina, las maderas más utilizadas en construcción pertenecen a dos grandes grupos: las maderas blandas de origen implantado —principalmente pino y eucalipto— y las maderas duras de origen nativo —como el quebracho, el lapacho y el cedro—. Cada grupo tiene características de resistencia, durabilidad y trabajabilidad muy diferentes.
| ESPECIE | TIPO | USOS | VULNERABILIDAD |
| Pino elliottii / taeda | Blanda (implantada) | Techos, encofrados, puntales, entramados | Alta (requiere tratamiento) |
| Eucalipto grandis | Blanda (implantada) | Puntales, vigas, postes | Alta (requiere tratamiento) |
| Lapacho (Tabebuia) | Dura (nativa) | Pisos exteriores, pérgolas, estructuras en suelo | Muy baja (natural) |
| Quebracho colorado | Muy dura (nativa) | Postes, durmientes, usos en contacto con suelo | Muy baja (natural) |
| Cedro misionero | Semidura (nativa) | Carpintería, revestimientos, aberturas | Moderada |
| Ciprés de la cordillera | Blanda (nativa) | Revestimientos, carpintería, estructuras livianas | Baja (natural) |
MADERAS BLANDAS DE ORIGEN IMPLANTADO
El pino elliottii y el pino taeda son las especies más empleadas en estructuras de obra en Argentina, gracias a su disponibilidad masiva, su bajo costo relativo y su facilidad de corte y trabajo. Se obtienen principalmente de plantaciones en Misiones, Corrientes y Entre Ríos. Su densidad media (450–550 kg/m³) permite una relación resistencia/peso adecuada para vigas, cabriadas y entramados. Su principal debilidad es la vulnerabilidad biológica: sin tratamiento, son susceptibles al ataque de hongos e insectos.
El eucalipto grandis se destaca por su crecimiento rápido y su rigidez. Se usa especialmente en puntales, postes y vigas de gran longitud. A diferencia del pino, presenta mayor tendencia al rajado durante el secado, lo que exige un proceso de estacionamiento cuidadoso antes de su uso estructural.
MADERAS DURAS DE ORIGEN NATIVO
El lapacho (Tabebuia sp.) es una de las maderas más resistentes y durables de la flora argentina. Su densidad alta (900–1100 kg/m³) y su aceite natural la hacen casi imputrescible, lo que la convierte en la primera opción para pisos exteriores, pérgolas, decks y estructuras en contacto con el suelo o la humedad, sin necesidad de tratamiento preservante.
El quebracho colorado es probablemente la madera de mayor dureza natural en el país (densidad de hasta 1200 kg/m³, mayor que el agua). Su uso en construcción se orienta a postes, durmientes y elementos en contacto permanente con el suelo. Su trabajabilidad es difícil por esa misma dureza, y hoy su extracción está regulada para proteger los bosques nativos del Chaco.
El cedro misionero y el ciprés de la cordillera se usan principalmente en carpintería, aberturas y revestimientos. El ciprés, en particular, tiene una presencia natural de aceites que le confiere cierta resistencia a la humedad y una durabilidad superior a otras especies blandas nativas.
TRATAMIENTOS PRESERVANTES
La madera sin tratamiento es vulnerable al ataque de hongos, insectos xilófagos y humedad. Para extender su vida útil y ampliar su rango de aplicaciones, existen diversos tratamientos preservantes que se aplican según el tipo de riesgo al que estará expuesta la pieza.
La norma IRAM 9519 establece en Argentina los requisitos de preservación para maderas de uso en construcción, clasificando los niveles de riesgo en cinco categorías: desde el uso interior sin contacto con humedad (Clase 1) hasta el uso en contacto permanente con suelo o agua (Clase 5). Cada categoría demanda una solución específica.
1. TRATAMIENTOS SUPERFICIALES
Son los de menor costo y menor efectividad. Incluyen la aplicación de aceites, barnices, pinturas o sales hidrosolubles mediante pincel, rodillo o inmersión. Resultan adecuados para madera bajo cubierta, sin exposición a humedad continua (Clases 1 y 2). Su limitación es que la penetración del preservante es superficial y requiere renovaciones periódicas.
2. TRATAMIENTO POR INMERSIÓN PROLONGADA (BAÑO CALIENTE – FRÍO)
Consiste en sumergir las piezas primero en un baño caliente del preservante y luego en uno frío, lo que genera diferencias de presión que favorecen la penetración. Es una solución intermedia, utilizada para piezas en ambientes húmedos no permanentes.
3. TRATAMIENTO AUTOCLAVE A PRESIÓN
Es el tratamiento más eficaz y duradero. Las piezas se introducen en una cámara hermética donde primero se genera vacío para eliminar el aire de los poros y luego se inyecta el preservante a presión, forzando su penetración profunda y uniforme en la masa de la madera. Los preservantes más utilizados son el CCA (Cromo, Cobre, Arsénico) y el ACQ (Cobre Cuaternario de Amonio), este último preferido actualmente por ser menos tóxico. La madera autoclave es reconocible por su tono verdoso o marrón y es obligatoria para estructuras en Clases 3, 4 y 5 (exposición a humedad intermitente o permanente, contacto con suelo o agua).
⚠️ PRECAUCIÓN EN OBRA CON MADERA CCA:
La madera tratada con CCA no debe cortarse con herramientas que generen polvo sin protección adecuada, ya que contiene arsénico. Los residuos de corte no deben quemarse. En obra, es importante identificar claramente las piezas tratadas para evitar su uso en superficies de contacto con alimentos o juego infantil.
USOS EN OBRA: ENCOFRADOS Y PUNTALES
Más allá de su aplicación estructural definitiva, la madera cumple un rol fundamental como material de obra temporal: encofrados, puntales, andamios y apuntalamientos son usos que consumen grandes volúmenes de madera en cualquier obra de mediana o gran escala. Conocer las exigencias técnicas de estos usos es tan importante como las del uso estructural permanente.
1. ENCOFRADOS DE MADERA MACIZA
Los encofrados son los moldes que contienen al hormigón durante su colocación y fraguado, dando forma a vigas, columnas, muros y losas. En Argentina, el pino cepillado (pino elliottii o taeda, seco y clasificado) es el material más usado para tablas de encofrado en vigas y columnas.
La madera destinada a encofrados debe estar bien seca (humedad no superior al 18-20%) para evitar deformaciones por absorción del agua del hormigón. Las tablas deben ser rectas, sin alabeos ni torceduras que impidan el sellado correcto de las juntas. La presencia de nudos grandes o grietas puede comprometer la estanqueidad del encofrado y generar defectos superficiales en el hormigón.
📌 USO REPETIDO Y DESMOLDANTE:
Las tablas de pino para encofrado pueden reutilizarse varias veces si se aplica correctamente el desmoldante (aceite mineral o productos específicos) antes de cada colada. El desmoldante evita la adherencia del hormigón a la madera, facilita el desarme y extiende la vida útil de las tablas. Sin desmoldante, la madera queda adherida y se daña al retirarla, reduciendo las posibilidades de reutilización.
2. PUNTALES DE MADERA
Los puntales son los elementos verticales que soportan el peso del encofrado y del hormigón fresco mientras fragua. En obra, se usan fundamentalmente en el soporte de losas y vigas horizontales, transfiriendo las cargas hacia el piso inferior o la fundación.
El eucalipto grandis es la madera más utilizada para puntales en Argentina por su rigidez, su longitud natural (puede obtenerse en piezas de 4 a 6 m sin uniones) y su relativa economía. Para que un puntal de madera sea seguro, debe estar perfectamente aplomado, contar con cuñas en los extremos para ajuste de nivel, y no presentar defectos como grietas longitudinales, nudos pasantes o principios de pudrición.
⚠️ SEGURIDAD: PUNTALES Y CARGAS:
Un puntal de madera no puede instalarse con inclinación: la carga excéntrica genera flexión que puede provocar el pandeo súbito de la pieza. La separación entre puntales debe calcularse según la carga de la losa y la sección del puntal; en obras convencionales, una separación de 80 a 100 cm entre puntales de eucalipto de 10–12 cm de diámetro es habitual para losas de hormigón armado de 12–15 cm de espesor. Cualquier puntal que presente rajaduras o humedad excesiva debe ser descartado sin excepción.
3. EL FENÓLICO: ENCOFRADO DE LOSAS
El tablero fenólico —también llamado multilaminado fenólico o plywood fenólico— es el material de encofrado más utilizado actualmente para losas de hormigón en Argentina y en gran parte del mundo. No es madera maciza: es un tablero fabricado a partir de capas delgadas de madera (chapas) pegadas entre sí con resina fenólica bajo presión y temperatura, con las vetas de cada capa perpendicular a la anterior.
La cantidad de capas varía (habitualmente 9, 11 o 13 para tableros de uso intensivo), y tanto la resina como el número de capas determinan la rigidez, resistencia a la humedad y cantidad de usos posibles. Los tableros fenólicos para encofrado suelen tener una cara plastificada (film fenólico o melamínico) que le da su característica superficie lisa y brillante.
📐 DIMENSIONES Y ESPESORES MÁS COMUNES EN OBRA:
El tablero fenólico estándar en Argentina mide 1,22 m × 2,44 m (4′ × 8′), y los espesores más utilizados en encofrado de losas son 12 mm (para luces cortas y viguetas), 18 mm (el espesor más habitual para losas de hormigón armado convencionales) y 21-25 mm (para losas de mayor carga o mayor distancia entre puntales). A mayor espesor, mayor rigidez y mayor capacidad de resistir el peso del hormigón fresco sin deformarse.
El fenólico presenta varias ventajas decisivas sobre la tabla de pino maciza para encofrado de losas. Primero, su superficie lisa y uniforme genera un acabado de hormigón de mejor calidad, con menos imperfecciones. Segundo, su resistencia a la humedad es notablemente mayor, lo que le permite soportar el agua del hormigón sin absorberla ni deformarse. Tercero, permite un número de usos muy superior: un tablero bien cuidado puede utilizarse entre 20 y 50 veces antes de perder sus condiciones de uso, frente a las 3-5 veces de una tabla de pino.
El desmoldante sigue siendo obligatorio también con el fenólico. Aunque la cara plastificada reduce la adherencia, sin desmoldante el hormigón se adhiere igualmente al tablero, deteriora el film y acorta drásticamente su vida útil.
📌 CUIDADO Y MANTENIMIENTO DEL FENÓLICO:
Los tableros fenólicos deben almacenarse horizontalmente o sobre cantos, nunca apoyados en posición inclinada, ya que el pandeo permanente los inutiliza. Deben protegerse de la exposición solar directa prolongada, que degrada la resina. Los cantos del tablero —donde la madera queda expuesta— son el punto más vulnerable: deben sellarse con pintura o masilla especial para evitar que la humedad penetre entre las capas y provoque la delaminación.
4. SISTEMA DE ENCOFRADO DE LOSAS CON FENÓLICO Y PUNTALES
El sistema de encofrado de losas más habitual en Argentina combina tableros fenólicos con puntales de eucalipto (o metálicos telescópicos), correas de madera (generalmente pino 3″ × 4″ o 4″ × 4″) y vigas sopandas. Las correas se apoyan sobre los puntales y sobre ellas descansan las sopandas, que soportan directamente a los tableros fenólicos. La modulación del encofrado (la distancia entre puntales y correas) se determina según el espesor del tablero, la carga de la losa y el vano libre entre apoyos.
NORMAS Y CERTIFICACIONES
La norma IRAM 9662 establece las categorías de calidad para madera aserrada de conífera de uso estructural, determinando los criterios de defectos admisibles, dimensiones y propiedades mecánicas. Es la referencia para especificar y controlar la madera que ingresa a obra con destino estructural.
Para los tableros fenólicos, la referencia es la norma de clasificación de tableros contrachapados, que establece los requisitos de adhesión, espesor y calidad de las chapas. En obras públicas o de ingeniería, muchos pliegos de condiciones exigen la presentación de certificados de calidad del proveedor que acrediten el cumplimiento de estas normas.
“Utilizar madera sin certificación en una estructura no es solo un riesgo técnico; es asumir una responsabilidad que puede derivar en consecuencias legales ante un siniestro”.
Para el profesional que trabaja con madera, el conocimiento de estas normas es una herramienta de diseño y de gestión. Permite especificar correctamente en la documentación técnica, controlar la calidad de los materiales que ingresan a la obra y garantizar al comitente que lo construido responde a estándares verificables. En un contexto en el que la construcción en madera gana terreno como alternativa sustentable, esa competencia técnica se convierte en un valor diferencial.

